Mostrando entradas con la etiqueta paro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta paro. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de octubre de 2014

LA ENÉSIMA BAJADA INVISIBLE DEL PARO

Otra vez insultando a la inteligencia en nuestras propias narices. ¿Hasta cuándo esta tomadura de pelo? ¡Qué bien!, "bajó el paro muchos puntos ". A políticos que utilizan la estadística para manipularla a su antojo y en su propio beneficio, me gustaría invitarles a que se pasaran un día por las oficinas de Empleo. Que observen las caras de la gente y si tienen huevos que les miren a los ojos: los ánimos enterrados, la desesperación contenida ya ni siquiera disimulada, el aspecto desaliñado del parado-tipo siguiendo el dictado de la moda del desaliento, la tensión que se masca en el ambiente cuando se estanca la cola para pedir un papel inútil ... Y luego de ver esto, los de ahí arriba que se atrevan a hablar de brotes verdes y de crecimiento macroeconómico. Tolerancia cero con el oportunismo y la demagogia de todo a cien. Qué pena que todo al final se quede en unas cifras, como si las cifras dieran de comer.

miércoles, 12 de junio de 2013

LOS RECOGEPELOTAS DEL TENIS

Ni los ocho Roland Garros de Rafa Nadal ni las horas y horas de televisión contemplado su epopeya han servido para mover conciencias. Es hora ya de una vez por todas de romper una lanza en favor de los recogepelotas, los auténticos jornaleros del tenis. Estas criaturas sí que se merecen levantar una ensaladera, aunque sea de papas aliñás, porque se lo currán más que un becario japonés. Nobles, diligentes, educados y eficientes como ellos solos, aguantan sin despeinarse y con disciplina espartana las mil y una órdenes y tareas que desempeñan a velocidad supersónica durante un partido. 
Cuando la bola está en juego, tiesos y quietos ahí como una máquina de tabaco. Si la pelota se va al carajo, a por ella en 0,3. Cuando la tienen, raudos al rincón, pose hierática brazo en alto para que el jugador elija la buena y le tire la sobrera con desdén y sin mirar hacia dónde. 
Con el tenis moderno las obligaciones del recogepelotas se han multiplicado exponencialmente. Lo que antes era para ellos un respiro, -el cambio de campo-, ahora es un momento infernal, casi tan insufrible como la cola del paro en hora punta.  
En ese interminable minuto y medio, el tenista sufre una extraña metamorfosis y se transforma en consentido cliente de resort de 5 estrellas pero con peluco caro en vez de pulserita chillona. Comienza entonces el rosario de exigencias para tormento del recogepelotas: Que si el botellín de agua fría, el del Isostar rosa, la toalla, ponme el hielo por el cuello que no veas la que está cayendo en Melbourne, el plástico de la raqueta nueva, pélame el platanito, inclina más la sombrilla, tira esto a la papelera, dile al juez de silla de mi parte que me cago en sus muelas porque "la bola entró"... El día que estas criaturas se cansen, funden un sindicato y exijan un convenio colectivo, veríamos a ver qué pasa con los Grand Sland, los Master 1000 y la Copa Davis. Y luego dicen que el tenis ya no es un deporte de señoritos. Pues a veces lo parece.

sábado, 9 de marzo de 2013

BUSCO TRABAJO, PERO NO SOY TONTO

El acoso prolaboral es un incipiente fenómeno social que ha surgido en España al albur del crecimiento exponencial de las listas de empleo y la llegada de las nuevas tecnologías a la vida cotidiana. Cerca de seis millones de desempleados sufren en sus propias carnes el marketing agresivo de empresas on line que se dedican a fustigarles con sus ofertas laborales prometiendo la salida del túnel a quienes tienen la desgracia de ser carne de INEM.
El anzuelo se vende en forma de interesante oferta de empleo. El incauto parado se decide a solicitar información. Es entonces cuando se abre un interminable proceso en bucle, que acaba con la paciencia del más bendito y cuyos resultados son tan cuestionables como inexistentes. Una vez mordida la carnada, primero obligan a registrase en el sitio, luego  invitan a rellenar un exhaustivo cuestionario con toda la experiencia profesional y los datos personales (ahí estás perdido) incluidos. 
Después de media hora larga tecleando completando la ficha laboral, el joputa programa te da la opción de adjuntar un currículum. ¿Y entonces, para qué tantas preguntas? La desesperación y las ganas de salir del boquete obligan al interesado a tirar palante y a  aceptar las leoninas condiciones de uso sin plantearse si quiera que  al facilitar el correo o, peor aún, el móvil, se abre la caja de los truenos y se da rienda suelta a la vez a un auténtico bombardeo de promociones comparable a la campaña más febril de cualquier operador telefónico. 
A partir de ese momento la bandeja de entrada se inunda de  ofertas, curiosamente casi nunca laborales.  La mayoría de las veces se trata de "interesantes" y  estrambóticos cursos diseñados para abrir de par en par las puertas del trabajo deseado. ¿Pero si estoy tieso, cómo me voy a gastar un duro en formación? Las propuestas de empleo suelen ser cíclicas, esto es, cada par de meses ofrecen la misma (el reclamo del cliente misterioso en Cuenca es todo un clásico). Además, casi siempre están desfasadas o al pinchar en el enlace salta el epígrafe "not found". 
Después de varias llamadas telefónicas ofreciéndonos el curso de la profesión con más futuro y el correo lleno de spams, caemos en la cuenta. Nos han despelotado por dentro. Se han quedado con la intimidad de nuestros datos personales, un negocio muy rentable, para ellos claro está. Estos listos no timan dinero, timan dignidad.

sábado, 16 de febrero de 2013

LA CICLOSTATIC, LA PERCHA MÁS DEPORTIVA


La ciclostatic es al ejercicio lo que una promesa electoral a un político: efímera, difusa, casi siempre incumplida y olvidada. La tozudez de los hechos, el infame dolor de huevos que produce se convierte en la primera de un océano de excusas para dejarla aparcada de por vida. Siempre hay algo más interesante que hacer, alguna obligación pendiente que surge justo a la misma hora programada para el pedaleo. El reluciente culote reforzado por la taleguilla del Decatlón se queda arrumbiado en el cajón con un solo lavado. Una lástima porque se veía que ahí había un tipito bueno por moldear. 
Al cabo de unas semanas, la ciclostatic se transforma en trastostatic, un armatoste desubicado imposible de colocar después a alguna amistad con la sana ambición de ponerse en forma. Con garaje el problema es menos serio. Pero en un piso de 70 metros, la cosa cambia. Además de que pesa como un muerto y no hay quien la mueva, se ponga donde se ponga siempre estorba. Y lo peor, se inicia una tormentosa relación amor-odio entre dueño y objeto, que a menudo termina con el cacharro colgado en E-Bay a un precio tirado por los suelos. Ni aún así nos libramos tan fácilmente de ella. 
Después de varios arrañazos en las espinillas y algún que otro golpe en la cabeza con el manillar de cuernos parece que a base de porrazos al fin se le encuentra una ubicación adecuada: el cuarto de la plancha. Allí está a salvo de las visitas con niños pequeños que acaban siempre subidos en ellas dando la lata. Resulta un alivio, al menos provisional, comprobar cómo en esta habitación por fin parece que el aparato encuentra utilidad y razón de estar, ahora transformado en una magnífica percha de diseño donde abrigos, toallas, camisas, batas y  muditas tienen su acomodo en esos días tontos en lo que no hay ganas de dejarlos bien colocados en el armario.





martes, 29 de enero de 2013

ESPAÑA SE ARREGLA CON UNA BUENA BERZA



Ni mercados, ni recortes, ni reformas laborales. En su lugar,  falda de ternera, un trozo generoso de magro de cerdo y su tocino, un chorizo como Dios manda, una morcilla a prueba de olla, y, por su puesto, judías verdes y calabaza de la huerta y unos garbanzos tiernos de los de pedorretas de trombón en lo alto. 
Lo tenemos ahí desde siempre y poca gente ha caído en la cuenta. Sin tonterías ni paños calientes, una  berza con dos cojones. Esa es la receta para salir de la crisis. No se conoce en España un sistema más infalible de negociación-acción-reacción. Rajoy, Merkel, Rubalcaba, Soraya, Artur Mas, Rosa Díez, Cayo Lara, los sindicatos, los empresarios, los banqueros, los curritos que están pagando el pato... a la voz de "ya estás tardando" todos  compartiendo mesa y mantel a las órdenes de cualquiera de las miles de abuelas que lo bordan haciendo este guiso. Lo demás, la armonía y el clima de entendimiento van fluyendo poco a poco: cubiertos pasando de uno en uno para que los comensales se vayan sirviendo solidariamente las raciones, los señores presidentes  acercando sus narices al plato humeante del que van a dar buena cuenta, esos migajones de pan en guardia, para, una vez asentado el fondillo de caldo, aplastar con contundencia la pedazo de pringá of category,   compacta, sin fisuras, con todas sus calorías..
¿Hay alguien que pueda comerse eso y no ser después mejor persona, más compresiva, más dialogante,  más creativa, y por su puesto, más inteligente y mejor criada? En ese ambiente gastronómico resulta imposible no llegar a ningún acuerdo, no encontrar soluciones para ir empezando a sacar esto adelante. 
¿Por qué el estómago no puede hacer de Cicerone del cerebro? Por una vez señores dirigentes, hagan caso a la abuela, siéntense, coman, piensen, hablen, tírense un par de peos si hace falta para descongestionar, y luego, actúen y demuestren a todos que después de una buena berza, cambiar el mundo es posible.




miércoles, 23 de enero de 2013

EL PELO TRAICIONERO



El parado padece sin poder evitarlo un fuerte déficit de paciencia. Hasta la gloria bendita exaspera. Y, cuando se trata de hacer un trabajo de doma de las tareas domésticas, más; porque al desempleado se le cae la casa encima por principio. 
En la batalla silenciosa de las labores de hogar, el mayor enemigo, es, sin duda, el pelo traicionero de cuarto de baño. Ése que, aunque no tenga ni piernas ni brazos, se agarra a su feudo como náufrago a una tabla. Ése que ha hecho correr en vano ríos y ríos de champú anticaída por nuestra cabellera. 
Los hay lacios y esbeltos, -casi da gusto tocarlos de dóciles-; pequeños o cortos,       -los más escurridizos-, y rizados, aquellos de moral dudosa que aparecen siempre cuando llega una visita. Algunos son amables y van a la mano como oveja al redil, pero la mayoría son de naturaleza indomable. Al fin y al cabo no son más que la expresión hecha putada de la venganza del desterrado del cuerpo por causa injusta. Y aunque no tienen cerebro conocido, saben que ellos, solo uno de ellos a la vista, marca la diferencia entre dejadez y limpieza.
Se mueven como pez en el agua en su hábitat natural, escondidos en el grifo del lavabo, mimetizados en las juntas de los azulejos o pertrechados bajo la taza del inodoro. Llevan el camuflaje en los genes. Lo hacen desde que nacen siendo aún pelusas de cabellos hasta que se separan de la epidermis. 
Por eso, el ritual de su cacería precisa recurrir a tácticas bélicas napoleónicas de acoso y derribo al enemigo. Maniobra envolvente, acorralamiento y ataque frontal con bayeta o fregona escurrida. Aún así, a pesar del presunto éxito de la estrategia, si lo tiene,  nunca se puede lanzar las campanas al vuelo. Cuando todo parece estar impoluto y examinamos nuestra obra con la autocomplacencia del deber cumplido,  aparece alguno que nos la ha vuelto a jugar y sigue ahí; impasible, burlón. 
¡No estamos preparados para limpiar contra los elementos¡. La victoria sin embargo resulta tan efímera como un aprobado raspado en la prueba del algodón. En el fondo, nos sentimos presa del síndrome del castigo de Sísifo. Sabemos que volverán y que la guerra la tendremos siempre perdida porque el enemigo "lleva pelo".

martes, 15 de enero de 2013

LA CRISIS EN EL CARNAVAL DE CÁDIZ

Cierto es que estando en el dique seco laboral, el carnaval se saborea con un regusto amargo. Pero se vive, que no es poco. Sería demasiada penitencia hacer oídos sordos a una bocanada de aire fresco que ayuda a cargar las baterías y a despejar la mente a quienes pasan demasiado tiempo en su casa en pijama y en babuchas. Pena que solo tenga un contrato de fijo discontinuo durante  febrero y sus meses aledaños. En Cádiz, el carnaval es más que una fiesta, es la Fiesta; una forma de vida, y también el quejío de una ciudad  sin futuro a la vista donde el trabajo es una especie en peligro de extinción. 
Dicen que en la tacita de plata hay mucha calidad de vida, y puede que así sea. Puede también que por eso la crisis lleve aquí instalada demasiado tiempo. La culpa, de los que mandan, y, por qué no decirlo, de quienes nos dejamos mandar y acabamos resignados o conformados a una suerte que echan otros. Al menos, los gaditanos callados no se quedan. Hablan por ellos las letras de las agrupaciones con críticas mordaces, demoledoras, sobradas de lo que le falta a los de los despachos y las fotos en las cumbres: la perspectiva que da el estar en el pellejo del problema. Lástima que el humor haga que el sonrojo para los que manden se torne en risas casi al instante y al final todo quede en Carnaval, en un estúpido velo que corremos rápidamente. 
Ahora, dos maneras diferentes de ver la crisis en  dos agrupaciones sobresalientes. El primer video, de los dos de Onda Cádiz, corresponde a un pasodoble de la comparsa de Joaquín Quiñones Los peleles del XXI. Verdades como puños bien cantadas y mejor afinadas.



La segunda es humor y guasa gaditana en estado puro. Su nombre, irónicamente, lo dice todo: Las verdades del banquero, la chirigota de José Luis García Cossío; "Selu" en Cádiz. 



domingo, 13 de enero de 2013

EL TIEMPO RALENTIZADO

Para un parado todo sucede más despacio. La vida va más lenta y el reloj resulta más útil en el cajón que en la muñeca. La prisa se contempla con envidia y hasta con morriña de aquellos tiempos de estrés perdidos. La nueva rutina llena de horas muertas a pesar del eterno bucle del trabajo de buscar trabajo hace que se recuperen algunas costumbres olvidadas. De nuevo se espera a que el muñeco del semáforo se ponga en verde para cruzar, se cede gustosamente el paso al subir al autobús, la película de la calle comienza a ser interesante, el enfoscado de vías y obras acaba cobrando una nueva dimensión contemplativa... 
El corazón solo se acelera a la hora de dejar a los niños en el colegio, cuando toca echar un vistazo a la hipoteca o las facturas y sobre todo, con esa guantada a mano muerta de realidad que supone renovar una vez más la tarjeta de demanda de empleo.  Ahí sí que se nota el pasar del tiempo convertido ahora en ansiedad sufrida en silencio prima hermana de la autoestima.  Autoestima, divino tesoro, ¡tú que te fuiste sin avisar y solo con billete de ida¡