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jueves, 19 de septiembre de 2013

EL MOSQUITO: EL ÚNICO INSECTO QUE SABE LATÍN

Ya está bien de hablar siempre de los mosquitos en sentido despectivo. Envidia que nos dan e insidia que les tenemos. Esos bichos saben latín. ¡Anda que no¡ Se ríen en nuestra cara cada vez que quieren. Nos dedican un corte de manga por cada palmada al aire de la que salen airosos. Hacen que nos autolesionemos como tontos que apagan su enfado maltratándose a sí mismos. Los budistas creen que los mosquitos son la reencarnación de un alma porculera. Tiene sentido.
Nos alejan a su antojo de los brazos de Morfeo. Pueden llegar a ser nuestra peor pesadilla. ¿Inteligencia de mosquito?... quién la pillara. Continuamente nos provocan para que hagamos el ridículo. Un hombre a las tantas de la mañana subido en calzoncillos en una cama con una babucha en la mano desafiando en voz alta a un insecto de apenas unos centímetros... ¿no resulta patético?
Da igual cualquier estrategia para cazarlos, en el mano a mano perdemos por goleada. Juegan como nadie con la caraja del insomnio. Se esconden en las esquinas o debajo de la cama o en lo alto del crucifijo o cuadro de flores, según creencias. Cuando están hambrientos son capaces de esperar horas agazapados en el portón hasta que la incauta víctima vuelve a casa y le abre el camino, ajeno a la nochecita que le espera. ¿Quién es el sabio aquí, el homo sapiens o el culícidus? Cuántos millones para nada se habrá gastado la humanidad en mosquiteras o en la fórmula del Raid y ahí siguen, dando porsaco forever.
Imagen: rondadecafe.com
Mal que nos pese, nuestro comportamiento con los mosquitos pone en evidencia una más de las millones de contradicciones de la raza humana: Como el insecticidio aún no está tipificado en el Código Penal, somos capaces de ponernos en pie de guerra contra un pobre insecto con tal de no ceder ni una ridícula gota de nuestra sangre, pero al mismo tiempo somos incapaces de movilizarnos, de hacerles ni una sola picadura para que le escuezan, a los vampiros de los bancos, que esos sí que se han llevado toda nuestra sangre con unos intereses que estaremos pagando la vida entera con sudor y lágrimas.



miércoles, 14 de agosto de 2013

LOS INGENIEROS DE PLAYA

Muro playero construido en domingo de agosto con marea llena  al más puro estilo de  la arquitectura  faraónica egipcia

Ahora que está de moda eso de los récords absurdos y los top ten de cualquier chuminada, si existiera un ranking sobre actividades inútiles que se hacen en la playa para matar el tiempo, sin duda, el número uno lo ocuparía la absurda afición de algunos hombres lego (los que sacaban en la EGB un siete en pretecnología) de levantar un muro de arena  para parar el agua cuando sube la marea. 
La peonada que se hecha es de campeonato. Horas y horas dándole al cubo y la pala. Sin respiro, cual batidora en posición gazpacho, agachados con media hucha peluda al aire para tormento de los vecinos, peleándose con todos los peques de alrededor para que no pisen la montañita, marcando el territorio con esas chanclas de deo con pinta de jubilarse en breve que dan tan mala impresión y peor imagen al litoral español...
 ¿Tiene algún sentido acabar perdido de arena hasta los cataplines con tal de mantenerse firme en ese estéril desafío con la mar y no ceder espacio alguno a la crecida de las aguas? ¿No será mejor reconocer el error, admitir que se ha calculado mal la pleamar y recular con los bártulos diez metros más hacia arriba?
Para algunos bañistas tozudos, inasequibles al desaliento del ridículo, sigue mereciendo la pena perder la misma batalla año tras año. Les da igual quedar ante la comunidad veraneante como un pardillo cuando una ola inesperada en un certero golpe de realidad arrasa con todo: murito, toalla, merienda, la bolsa con la cartera y el móvil... 
Allá cada uno con sus hobbies, pero que sepan estos ingenieros chusqueros que lo de Moisés estuvo bien en sus tiempos, pero será difícil que se repita. Ya le ganamos demasiado terreno al mar, mejor darle un respiro, aunque sea respetando su espacio en una calita cualquiera.

viernes, 19 de julio de 2013

LAS SIESTAS DEL TOUR DE FRANCIA

Esta imagen, entre ronquidos, es una de las más repetidas en la sobremesa veraniega de muchos hogares españoles
La siesta del Tour de Francia se ha convertido con los años en el clásico por antonomasia de la sobremesa veraniega de los hogares españoles. Unos lo ven porque les gusta las bicis, otros por las azafatas y por los sugerentes culotes que llevan los apuestos ciclistas y una gran parte por los paisajes y las vistas aéreas, pero todos, absolutamente todos, acaban sucumbiendo en brazos de Morfeo tarde o temprano en algún momento de la retransmisión. 
Vacaciones, playa mañanera, calor sofocante y gran comilona mezcladas en digestión con relajantes imágenes del tipo documentales de la 2 y Perico Delgado contando batallitas. No hay organismo humano que pueda resistir esa explosiva combinación de somníferos sin cerrar los ojos como bebé de pañales después de tomarse un biberón y echar su flatito.
Sabedor de su inevitable destino final, el espectador también pone de su parte para ponerse en situación y abandonarse a su suerte. Fuera camiseta, aire encendido, chanclas arrinconadas, botón de la bermuda quitado y postura cómoda en situación mimética con el sofá. Ahora sí que el ambiente es el más propicio para dormir a pata suelta. Solo falta una etapa llana de 200 km. para rodadores con previsible llegada al sprint para que la cabezada sea de campeonato. 
Los más duros de pelar aguantan hasta el cartel de 40 km meta, pero acaban sucumbiendo hipnotizados por el relajante movimiento en acordeón de la serpiente multiculor y esos primeros planos de los tubulares de las ruedas girando, girando y girando...
La mente sin embargo se queda en estado catatónico y, entre tímidos ronquidos, sigue escuchando lo que pasa allí en la carretera. ¿Quién ganó hoy?, pregunta algún incauto que interrumpe el sueño justo cuando los corredores acaban de pasar la meta.
"Un extranjero de nombre impronunciable (Ardullaparó, Chipolini o Cavendich), pero no te preocupes que Indurain sigue líder y eso que Quiapuchi otra vez se escapó". 
Ya lo dice o lo dirá de aquí a poco la Organización Mundial de la Salud: el Tour y la siesta son el complemento perfecto para la dieta mediterránea veraniega.