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lunes, 6 de octubre de 2014

JAMÓN SERRANO EN LONCHAS DE PLÁSTICO

Qué timo es ese de comprar el jamón serrano con marca envasada. Cómo engaña esa pinta, cómo despista su precio presuntamente asequible, qué varapalo para los amantes del tapeo ibérico o para los frikis del San Jacabo casero hecho por derecho. Luego de comprarlos cae uno en la cuenta de que se la han pegado, que ese amasijo chicloso no marida con el pico Yeye ni con el pan de pueblo ni de coña. 

El género, que se pega a los dedos como una tirita a un juanete, cortado a láser, con calibrador de precisión nanométrica. Si alguien ha tenido huevos de sacar una loncha entera y sin rasguño que lo ponga en su currículum. Nada mejor en estos tiempos que corren que pagar las lonchas de plástico a precio de jamón serrano. Esto es para tirarse de cabeza al Pavofrío bajo en sal.

Lo del ochentero cartucho Churruca mitad viento, mitad pipas, pase, pero el emblema gastronómico español en el mundo comercializado de esa guisa debía ser tipificado como delito en el Código Penal. 

jueves, 19 de septiembre de 2013

EL MOSQUITO: EL ÚNICO INSECTO QUE SABE LATÍN

Ya está bien de hablar siempre de los mosquitos en sentido despectivo. Envidia que nos dan e insidia que les tenemos. Esos bichos saben latín. ¡Anda que no¡ Se ríen en nuestra cara cada vez que quieren. Nos dedican un corte de manga por cada palmada al aire de la que salen airosos. Hacen que nos autolesionemos como tontos que apagan su enfado maltratándose a sí mismos. Los budistas creen que los mosquitos son la reencarnación de un alma porculera. Tiene sentido.
Nos alejan a su antojo de los brazos de Morfeo. Pueden llegar a ser nuestra peor pesadilla. ¿Inteligencia de mosquito?... quién la pillara. Continuamente nos provocan para que hagamos el ridículo. Un hombre a las tantas de la mañana subido en calzoncillos en una cama con una babucha en la mano desafiando en voz alta a un insecto de apenas unos centímetros... ¿no resulta patético?
Da igual cualquier estrategia para cazarlos, en el mano a mano perdemos por goleada. Juegan como nadie con la caraja del insomnio. Se esconden en las esquinas o debajo de la cama o en lo alto del crucifijo o cuadro de flores, según creencias. Cuando están hambrientos son capaces de esperar horas agazapados en el portón hasta que la incauta víctima vuelve a casa y le abre el camino, ajeno a la nochecita que le espera. ¿Quién es el sabio aquí, el homo sapiens o el culícidus? Cuántos millones para nada se habrá gastado la humanidad en mosquiteras o en la fórmula del Raid y ahí siguen, dando porsaco forever.
Imagen: rondadecafe.com
Mal que nos pese, nuestro comportamiento con los mosquitos pone en evidencia una más de las millones de contradicciones de la raza humana: Como el insecticidio aún no está tipificado en el Código Penal, somos capaces de ponernos en pie de guerra contra un pobre insecto con tal de no ceder ni una ridícula gota de nuestra sangre, pero al mismo tiempo somos incapaces de movilizarnos, de hacerles ni una sola picadura para que le escuezan, a los vampiros de los bancos, que esos sí que se han llevado toda nuestra sangre con unos intereses que estaremos pagando la vida entera con sudor y lágrimas.